martes, 7 de agosto de 2007

¿Cuánto gastan las caraqueñas en tapitas?


"Ávila penetrando en la noche y asustando a dos caraqueñas" Serigrafía de Campos Biscardi

En estos días de mañanas sofocantes y aguaceros vespertinos en los que Caracas se desborda por sus extremos, he notado cómo el iraní de la zapatería ha estado más simpático que de costumbre. Definitivamente no debe ser bueno que el tipo que te arregla los zapatos te salude con una familiaridad apenas concebible en el portugués del abasto.

Las mujeres que insistimos en domesticar tacones en este rally citadino gastamos un aproximado de 15 mil bolívares mensuales en tapas. Pero no las que excusan los textos recientes de Código de Barras, sino las tapas amortiguadoras de tacones.

La cantidad es irrisoria ante lo que cuesta el tren delantero de un carro torturado por el mal estado de las vías, pero puedo jurar que las aceras están peor. Mala noticia para las caraqueñas que desde niñas no hacemos otra cosa que caminar, y caminar muy rápido.

Pocas razas tienen la capacidad de igualarnos en velocidad y destreza para sortear obstáculos, y eso que debemos lidiar con las doñitas embelesadas por las vidrieras. Mientras las rodeamos, aguantamos las ganas de mirarlas mal, por respeto a su edad y porque no tienen la culpa de haber nacido en el interior. Hay que decirlo, las doñitas de cepa caraqueña son distintas y se reconocen a distancia, no son abuelas dulces. Malencaradas, llevan la cartera apretujada como una hallaca debajo del brazo y no se detienen en ninguna parte. Son aguerridas, como la ciudad, y sus hijas y nietas no nos hallaríamos en ninguna otra urbe con índices de inseguridad menores al promedio latinoamericano.

También nos enfrentamos a las provincianas contemporáneas. Tema para otro post, pero hoy sólo me limitaré a quejarme de la insólita habilidad que tienen algunas para detenerse en una esquina hipertransitada o al final de las escaleras mecánicas y, como quién ha perdido la memoria súbitamente, poner cara de “dónde carajo estoy.” Apenas son sacadas de su hábitat común (residencia-universidad/universidad-residencia) pierden el norte y el sur, disminuyen la marcha temerosas de cada paso y se cuelgan el cartelito de “no soy de aquí, atrácame que puedes.” Ésas también se reconocen y se les advierte que llevan el bolso abierto o están a punto de caer en una alcantarilla. Ellas reaccionan estorbando un poco más de lo normal.

Somos así ¿qué hacer? Aparte de rápido, pisamos fuerte, como si fuera posible hacerle más daño a las aceras. Nos llevamos a medio mundo por el medio y no sabemos caminar acompañadas. Estamos inhabilitadas para paseos románticos, no sabemos agarrar mínimo, tenemos un master en ignorar siseos y podemos ganarnos la vida haciendo tours de compras por el Centro de Caracas o el Mercado del Cementerio a familiares del interior o amigas del Este con ciertas fobias sociales y temor a lo desconocido. Además, nos encanta andar encaramadas en hermosos tacos altos de tapas vulnerables. Puras buenas noticias para los zapateros: buen humor para el iraní.

Aunque no tenemos la culpa, no queremos cambiar. Todavía puedo recordar a mi mamá, enseñándome a utilizar el metro a los nueve años, adentrándose en los recovecos del centro, regateando con los vendedores, escogiendo las verduras en el mercado. Caminaba tan rápido que me era difícil seguirle el paso.

A veces, cuando se me ocurre relajarme en la ciudad casi puedo escuchar el repiquetear de sus tacones: “¡Mami avíspate, no te duermas! Y cámbiale las tapitas a esas botas que me tienes atormentada.”


4 comentarios:

flequillo dijo...

¡No sabes cuánto me reí con este texto!

¡¡¡Excelente!!!

¡¡¡besos!!!

d-mat dijo...

QUE ASCO DE BLOG ... LA PANA DE ARRIBA SOLO SABE COMENTAR MARICONERIAS .. Y DE TODOS LOS " PASTICHEROS" ESCRIBEN MENOS DE LA MITAD DE LA MITAD.. CIERREN ESTA VAINA , ES PEOR QUE VER RCTV INTERNCIONAL !

d-mat dijo...

Y CUANDO ME METO POR LA LADILLA, MAL TRIPEO CON ESOS TEXTOS HORRIBLES !

Acuario Escritor dijo...

je je je je.... D-mat siempre con sus comentarios tan agradables. Nina ¡CÓMO EXTRAÑABA TUS TEXTOS DE ESTE ESTILO!... Un beso.