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miércoles, 25 de abril de 2007

Soy pasticho, no lasagna


No me vengas con vainas. Yo soy un pasticho, no una lasagna. No me interesa que creas que es lo mismo. No es la misma vaina ser Juan que Joan. Yo soy: PAS—TI—CHO. Te explico: no son simples pendejadas mías. Es cuestión de que respetes, pues. Tampoco creas que estoy muy molesto, hermano, pero las cosas son como son. Que tú vengas, con toda ligereza, a decirme lasagna me encabrona, porque es una falta de respeto.

No tengo nada en contra de la lasagna, pero yo soy un pasticho. Es que seguro eres de los que le dice chino a un vietnamita, a un coreano —de Coro— y a un filipino. Coño, hermano, eso no es así. Uno tiene su individualidad, sus características propias. No es lo mismo que invites a una carajita a almorzar lasagna a que le digas para comer pasticho. Cuando la invitas a degustar una lasagna, el caché sale a chorros de tus poros; es una estrategia magnífica de galanteo. En cambio, si le dices para comer pasticho, ella inmediatamente sabrá que vas a resolver la cita —pichirre— en casa de tu mamá, rodeado por el montón de primitos tuyos que no hacen más que echar vaina. En la mesa a ella le tocará sentarse al lado de tu tío el gozón, que se la pasa diciéndole lo bella que es mientras toma sus manos con toda confianza. Para más, seguro que tu madre hará ese pasticho de berenjenas que le queda muy bueno, por cierto, pero del que sabes tu novia es alérgica. ¿Notas la diferencia, hermano?

Pues es así, yo soy ese plato dominical que nadie desprecia; el rey de Real Past; la eterna promesa de tu amigo demagogo; el rendidor. Yo soy un pasticho, hermano. Punto… ¡Ojo! No soy lasagnofóbico. Nada de esa vaina. Es más, tengo a un montón de amigos que son lasagna y yo los respeto, comparto con ellos hasta cierto punto y mantengo cordialidad todo el tiempo. Cada quien se rellena a su gusto; ése no es mi problema. Ultimadamente, hermano, la vaina es que debes tener bien claro todo el contexto cuando te estés refiriendo a uno. ¡Qué vaina! Ya me estoy poniendo frío. Dale de una vez. Bueno, tigre, eso era todo. Ahora sí, échele pierna. Muerda con confinza ¡Buen provecho!