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jueves, 14 de junio de 2007

Aló Cantv


gracias y desgracias de la nueva era de las comunicaciones

domingo, 10 de junio de 2007

Pequeñas cosas que mi abuela no debe leer


Capítulo 4
La identidad de d-mat


Soy yo. Es verdad. Lo juro por mis hijos. En un afán por armar polémica me puse el disfraz de la mayamera Cristina y comencé a irrespetar a los invitados, copiando fórmulas existentes. Les guste o no, soy yo. Pido perdón a mi abuela por esta aberración. Pero soy así. Más alborotador que la Colomina y tan odiado como una arepa fría rellena de salchichas con salsa rosada –de esas que venden en las bombas de carretera-. Está de más decirles que es un efecto lascivo que se apodera de mi. No lo puedo controlar. Cuando me meto en personaje, no puedo evitar herir susceptibilidades. ¿Quién más que yo lee este blog con fanatismo? ¡Nadie! Seguro publicaré un comentario diciendo que es falso, que el verdadero d-mat soy yo y que elchamodel114 (con lo ridículos que son esos dígitos) es un impostor. Pero es algo que se escapa de mis manos. No pido disculpas por algún comentario recurrente e insano. Soy así. Desconsiderado, irreverente, impulsivo e irrespetuoso. He dicho.
Próximo capítulo: La cocina del restaurant

domingo, 3 de junio de 2007

Pequeñas cosas que mi abuela no debe leer


Capítulo 3
Mi amiga Zafiro

Hay una luz que la arropa y ella hace lo propio con un tubo recién cromado que apunta a las nubes dibujadas en el techo. La cadencia de Zafiro puede cautivar a cualquiera. Tiene dominio de todos sus músculos y se nota desde donde estoy sentado. Con sus ojos grandes y su melena rebelde es el centro de atracción de todo el local. La gente le grita, los viejos le dan plata y yo la miro y rindo el trago, porque no hay dinero para otro más. Hay noches en las que prefiere usar la calle para estar de tú a tú con el soberano sin que ningún chulo se interponga. Zafiro es una buena mujer, pero sus ex maridos han sido malos y de eso hemos hablado hasta que se hace de día, porque puedo decir que si algo sabe hacer bien mi amiga Zafiro es hablar y, cómo no, escuchar. Es discreta y la confidente ideal. A mi me encanta charlar por horas con ella, porque de alguna forma también me gusta, como a ella, ver a los ojos. Nunca me dio pena sentarme a su lado y tratarla como se merece, como a una buena mujer. Una madre/hembra, que trabaja y se desvela y habla tan bonito de su carajito que cualquier guarapo se pone aguado. Nunca quise subir a la pieza con ella por temor a enamorarme. Es mejor seguir como amigos y no mezclar las cosas. Quién me aguanta después, enamorado de Zafiro, entrando al local a buscarla para contarle ligero del guayabo que llevo por su culpa.

Próximo capítulo: La identidad de d-mat.

domingo, 20 de mayo de 2007

Pequeñas cosas que mi abuela no debe leer

Capítulo 2:
La marihuana

Esta planta es más polifacética que Luis Sojo y, según el amigo de un amigo mio, hace menos daño que el veterano jugador de pelota. Sirve para aliviar el glaucoma, aderezar brownies gustosos, canalizar las inquietudes amateur de cultivador doméstico, e inspirar a escritores dominicales. También da sentido al greñero que cargan encima algunos wanabe rasta. Científicamente es conocida como cannabis sativa, que no es otra cosa que una especie del cáñamo que crece de manera silvestre por estas latitudes. La marihuana, así como mi amiga Zafiro, es conocida por varios nombres de guerra, dependiendo del cliente que la disfrute: yerba, mota, ganja, hierba santa, maría, grifa, entre otros. El usuario de esta planta puede usar diminutivos para denotar cariño a la hora de elaborar frases cotidianas, por ejemplo: “¿Abuela, donde está mi ganjita?” o “señor oficial, le voy a hablar claro, sólo cargo un poquito de marihuanita”. Su sustancia psiocactiva es el hidrotetracannabinol y de la planta se pueden usar las hojas, flores secas, la resina y, en momentos de crisis, no repares en aprovechar tallos y raíces. Según me cuenta el amigo de mi amigo –que como verán es bastante hablador- la marihuana tiene efectos en la memoria que no son cosas de juego. Está claro que puede su uso puede producir amnesia y otras cosas que ahora no recuerdo. He dicho.

Próximo capítulo:
mi amiga Zafiro.

domingo, 13 de mayo de 2007

Pequeñas cosas que mi abuela no debe leer

Capítulo 1:
La pornografía

No importa lo que digan los estudiosos. La pornografía es un arte lleno de grandes artistas que, además, cumple un servicio público a la comunidad a cambio de unos pocos centavos. Su aporte a la formación de ciudadanos de bien es innegable. Ayuda a incentivar la creatividad, fomenta el conocimiento de la anatomía humana y puede ayudar a fortalecer relaciones en decadencia. La industria pornográfica da de comer a millones de familias alrededor del mundo y acompaña a las almas solitarias por el camino de la auto exploración. Gracias a la pornografía la gente ha podido apreciar los solos de saxo. Las enfermeras, maestras, policías y cheerleaders le deben todo a la pornografía. Por la pornografía Traci Lords pudo hacer universal su talento. Fue la pornografía la que me mostró antes que aquella dominicana de qué iba "la carretilla". La pornografía educa y no hace tanto bulto debajo de mi cama.
He dicho.
Próximo capítulo: La Marihuana.